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"Si
no podemos, ni debemos, ser una potencia política, económica,
diplomática y menos ¡mucho menos! militar, seamos una
gran potencia de cultura, porque para eso nos autoriza
y nos alienta nuestra historia".
Benjamín
Carrión, Fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana
La
Embajada del Ecuador ha dado en el pasado y seguirá
dando ahora una gran importancia a los aspectos culturales.
Francia es un centro neurálgico de la cultura del mundo.
Quienes aquí nacieron o establecieron su domicilio saben
que la actividad cultural está incorporada a los actos
cotidianos, casi convertida en parte de la vida misma
de este pueblo. Excelentes canales de televisión y emisoras
de radio públicas que destinan casi el ochenta por ciento
de su programación a difundir actividades culturales;
museos y galerías de una enorme riqueza y variedad;
festivales periódicos y permanentes de cine, danza,
teatro, música clásica y popular; ferias de libro y
promoción constante del libro a través de bibliotecas
públicas; encuentros y presentaciones de escritores
del mundo entero; ediciones populares de libros capitales
de las más diversas regiones del planeta, entre otros
aspectos, hacen esa realidad en la cual participan organismos
públicos y privados.
El
Ecuador es un país que tiene también enormes riquezas
culturales las cuales merecen ser difundidas de manera
permanente en Francia y en otros países del mundo. Lastimosamente,
por limitaciones económicas no siempre ha podido mantenerse
una promoción constante y hay vacíos en el conocimiento
de esas culturas ecuatorianas por parte del gran público
francés. No obstante, en los últimos años se han realizado
muchas actividades de promoción cultural del Ecuador
en Francia que han sido bien recibidas y valoradas por
el público. Jornadas culturales en las cuales se han
incorporado presentaciones de películas, obras de teatro
y danza, exposiciones de pintura y libro, encuentros
con escritores de promociones recientes, entre otros
aspectos; exposiciones temáticas, como la gran muestra
sobre el barroco colonial quiteño o los pintores indígenas
de Tigua; presentación de conciertos en los que se ha
interpretado música clásica ecuatoriana, han dado esa
tónica.
En
la página web de la Embajada se darán pistas y enlaces
con otros sitios de información del Ecuador y sobre
el Ecuador que permitirán a las personas interesadas
en nuestro país tener una información amplia y actualizada.
Les invitamos pues a caminar por los senderos de la
cultura ecuatoriana:
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LOS
ENCUENTROS CON FRANCIA EN LA LITERATURA ECUATORIANA*
La
profunda revolución poética que se produjo en al segunda
mitad del siglo XIX en Francia, que tiene en Baudelaire
sus fuentes y centro, desencadenó –como es sabido- la
renovación impulsada por Rubén Darío y el modernismo
en nuestra lengua. Este fue el primer movimiento poético originario
de Hispanoamérica.
En su riqueza estética convergen la vuelta a
las fuentes de la gran tradición poética hispánica y
la deliberada apropiación de lo moderno, ante todo,
los hallazgos del simbolismo francés.
Sin embargo, el modernismo en el Ecuador fue
un movimiento tardío y epigonal. Hubo que esperar un cuarto de siglo para que
el remezón que proporcionaron Darío y sus contemporáneos
llegase a los Andes ecuatoriales y sus pequeñas ciudades:
Quito, encerrada entre altas montañas, y Guayaquil,
puerto casi destruido por los grandes incendios de finales
del siglo pasado. En
Ecuador, aunque con retraso, la generación de Arturo
Borja, Ernesto Noboa y Caamaño, Humberto Fierro, Medardo
Angel Silva y Alfonso Moreno Mora intentó fundar, en
la segunda década del siglo XX, la modernidad poética,
recurriendo para ello a los grandes modernistas hispanoamericanos
y a sus antecesores. De ahí nace su admiración por Verlaine, por algunos simbolistas
menores como Samain, su predilección por la leyenda
del “poeta maldito”.
Más
allá de los gestos con los cuales se aproximaron a la
imagen de dandy, del poéte maudite, gestos que acabaron
tempranamente con los actores de la “generación decapitada”
–como sería bautizada por Raúl Andrade-, debemos reconocer
en nuestros modernistas su voluntad de poesía, su afán
cosmopolita, su intuición de la modernidad. Con ellos
sin duda comienza la moderna poesía ecuatoriana. El vínculo con la poesía francesa, patente
en ese inicio, habría de profundizarse luego en los
tres grandes poetas nacidos a principios de este siglo:
Jorge Carrera
Andrade (1903-1978), Gonzalo Escudero (1903-1971) y
Alfredo Gangotena (1904-1944).
Los tres vivieron largas temporadas en Francia,
cumplieron funciones diplomáticas en París, fueron conocedores
profundos de la cultura francesa forjaron vínculos con
poetas franceses contemporáneos y, cada uno a su manera,
explicitaron su admiración por Francia.

Jorge
Carrera Andrade (1903-1978)
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En
la obra juvenil de Jorge Carrera Andrade se advierte
la decisiva influencia de Francis James.
Carrera Andrade, como antes de él Rilke,
tomó del poeta francés su apego a las cosas, a los
objetos puestos ante la mirada, su profundo amor
y respeto por los animales y las plantas. La importancia de esta temprana influencia
es fundamental en la poética de Carrera Andrade:
surge de ella su radical vocación por lo concreto,
la singular valoración de la mirada en el conjunto
de su obra, la primacía que adquiere la metáfora
constituida a través de la imagen visual.
Nace también de la influencia de James la
reivindicación de los pequeños seres que, en el
caso del poeta quiteño, se inscriben en su particular
concepción poético-panteísta del mundo.
Carrera Andrade dedicaría un poema elegíaco
al “buen Francis” en La
guirnalda del silencio (1926), al recibir en
Quito una errónea noticia sobre la muerte del poeta
francés. |
La
poesía de Carrera Andrade es, desde un punto de vista,
un amplio registro de sus viajes.
Para el poeta, cada lugar de su incesante itinerario
devenía un paraje del movimiento de su propio espíritu,
un momento de su poesía.
“El Hombre del Ecuador bajo la Torre Eiffel”
y “Las
campanas del Havre”, poemas de su libro Boletines
de mar y tierra (1930), señalan en su obra el primer
encuentro con Francia. En el primero de estos poemas
se evidencia ya el giro provocado en su poetizar como
resultado de su viaje a Europa y su contacto con los
movimientos de vanguardia. La imagen poética, sin perder
su sentido concreto, adquiere la libertad y fluidez
suficientes como para confrontar los objetos de la sociedad
industrial con las imágenes del mundo andino: “Te vuelves
vegetal a la orilla del tiempo. / Con tu copa
del cielo redondo / y abierta por los túneles
del tráfico, / eres la ceiba máxima del Globo. //.../ Alargas sobre
una tropa de tejados / tu cuello de llama del Perú”, dirá el poeta dirigiéndose al símbolo modernista de París.
Carrera
Andrade mantuvo, a lo largo de su vida, estrechos vínculos
con poetas franceses. Parte de su obra fue pronto traducida
al francés. Vivió en Francia por largos períodos. Sin
duda, su reconocimiento mayor a cuanto había recibido
de la cultura francesa, y sobre todo de sus poetas,
es su antología. Poesía francesa contemporánea (1951), para
lo cual tradujo –a lo largo de dos décadas- a 55 poetas de esa lengua. En Francia, a su vez, apareció
un volumen con su biografía y una selección de sus poemas
en la colección Poetes
d´aujourd´hui (París, ed. Pierre Seghers).
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Gonzalo
Escudero (1903-1971)
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La
poesía de Gonzalo Escudero, por su parte, muestra
la decisiva influencia de las vanguardias y, entre
ellas, del surrealismo, en sus libros Hélices del huracán y del sol (1933) y Altanoche (1947).
Es significativa la constancia explícita que deja
Escudero en el primer poema de Altanoche,
“Evasión”
–uno des sus poemas mayores, por cierto- de su encuentro
con Francia: el poema está fechado en París, 1933.
A más de la indicación
de su paso por París, este dato incidental puede
interpretarse como el testimonio de un nexo que
el poeta quiteño establece con la poesía francesa
y, a través de ella, su contacto con la poesía contemporánea.
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A
partir de Estatua de aire (1951) el poeta abandona
las formas vanguardistas,
para volver hacia un peculiar clasicismo hispánico.
Sin embargo, no por ello deja de ser moderno en lo esencial,
en la construcción de sus imágenes, en la creación de
una atmósfera
que combina lo onírico con un ámbito imaginativo que
nace de la voluntad del poeta que se orienta hacia la
construcción de una realidad eminentemente artística.
Si su vuelta a las formas clásicas puede asociarse al
redescubrimiento de Góngora por parte de los poetas
españoles de la generación de 1927 (García Lorca, Guillén,
Cernuda, Alberti), no es menos cierto que la construcción
del poema como acontecimiento eminentemente artístico,
que el extremado gusto por la arquitectura del texto,
por la música interna, por la precisión de orfebre del
poeta, tienen sus antecedentes en el simbolismo francés
y, sobre todo, en Mallarmé. El propio Escudero apuntó
en uno de sus ensayos su deuda con Góngora y Mallarmé,
poetas tutelares que habían iluminado su camino hacia
la “poesía pura”.
Alfredo
Gangotena vivió su contacto con la moderna poesía francesa
en edad más temprana que sus dos contemporáneos. No
solo eso, sino que el escribir la mayor parte de su
obra en francés lo convierte en poeta de esa lengua.
Alejandro Carrión decía ya que Gangotena era el gran
poeta que Ecuador había dado a Francia, como Uruguay
le había dado Lautréamont, y Cuba, Herrera. Gangotena
viajó con su familia a París en 1920 para terminar sus
estudios secundarios y proseguir los universitarios,
hasta obtener en la Escuela de
Minas su título de ingeniero. Sin embargo, para
Gangotena lo fundamental de su estancia en Francia tuvo
que ver con su vocación poética. A fines de 1923 aparecieron
sus primeros poemas en francés en la revista Intentions. Luego, otros poemas fueron publicados en las revistas
Philosophies, Le Roseau d´or y La ligne de
coeur. A la vez, el joven poeta estableció lazos
de amistad con Jean Cocteau, Max Jacob y Jules Supervielle,
quienes valoraron altamente sus cualidades poéticas.
Más tarde, conoce a Henri Michaux con quien retorna
al Ecuador en 1927. Michaux escribiría, a partir de
ese viaje a los Andes ecuatoriales con su amigo Gangotena,
uno de sus más conocidos y bellos libros, Ecuador. En tanto, salía a la luz en París
el primer libro de Gangotena, Orogénie
(1928). En Quito Gangotena publica Absence
(1932). En 1935, en el Journal
de Poetes aparece “Cruautés”.
Alfredo Gangotena (1904-1944)
Gangotena
volvió a París en 1936, como agregado cultural de la
Embajada del Ecuador, y permaneció en Francia hasta
inicios de 1937. La revista Cahiers GLM publicó ese año una nueva versión de “Cruautés”. Al año siguiente, el editor
Pierre-Louis Flouquet publicó Nuit
en los Cahiers
de Poetes catholiques (Bruselas, 1938). Con este
libro concluye el ciclo de poesía escrita en francés
por Gangotena.
Cuando
se produjo la invasión alemana a Francia, el poeta organizó
actos de protesta en Quito. Estos actos fueron los más
significativos de su actividad pública, breve y parca.
Francia reconocería este gesto del poeta al concederle,
póstumamente, la condecoración de la Legión de Honor
(1945). Más tarde, con apoyo de la Embajada de Francia
en Ecuador se editó la edición bilingüe español-francés
de Tempestad secreta (traducción al francés
de Margarita Guarderas de Jijón, Libri-Mundi 1992).
Los Poemes francais de Gangotena están recogidos en dos tomos editados
por Claude Couffon, quien añade una “Presentación”
de Henri Michaux y una selección de las opiniones de
poetas y críticos franceses contemporáneos del poeta
quiteño (Orphée, La Différence, 1991-1992).
Si
bien sería exagerado decir que Gangotena fue un poeta
“francés” nacido en Quito, no deja de ser cierto que
el poeta quiteño encontró en la lengua francesa el vehículo
de expresión de su particular agonía y desarraigo, que
dota a su voz poética de una
extrema significación existencial.
El
breve bosquejo de las relaciones de estos tres grandes
poetas ecuatorianos con la poesía moderna nos permite
comprender la profunda influencia de la cultura francesa
en nuestras letras, especialmente en este siglo. Otros
poetas ecuatorianos establecerían nuevos vínculos con
la poesía en lengua francesa, ya por su personal aproximación
a los movimientos de vanguardia, ya por la herencia
recibida a través de Carrera Andrade, Escudero y Gangotena.
*Iván Carvajal. En “Ecuador y Francia: Una Historia en Común”
Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador y Embajada
de Francia en Ecuador. Quito, 1999.
Enlaces :
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Los Franceses en la Educación
La
Ilustración francesa juega un papel sumamente importante
en la puesta en tela de juicio de la educación de la
antigua Real Audiencia de Quito. Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo encarna esta reflexión
que no solo critica la educación colonial sino que propone
reformas constructivas e innovadoras.
Esta crítica viene vinculada con el cuestionamiento
de la organización social colonial en “castas” que limita
el acceso a la educación a una pequeña élite con los
criterios de limpieza de sangre, de nobleza de cuna
o la posesión de bienes económicos.
En este sentido, la influencia francesa no se
limita a las teorías pedagógicas o didácticas de un
Rousseau y de su Emile ou de l´éducation, sino
que abarca todos los valores de la Ilustración acerca
de la misión de la educación en la creación de una sociedad
moderna.
Con
la oposición española a todo lo que pueda presentar
un pensamiento independentista y luego por las guerras
de Independencia y sus efectos, estos proyectos son
abandonados. Es
sólo con la presidencia de Vicente Rocafuerte cuando
se proyecta una reforma educativa nacional, también marcada por la influencia de las ideas
francesas. Vicente
Rocafuerte estudió en Francia, adoptó los valores de
la ilustración y pretende crear en Ecuador un Estado
sólido y una infraestructura eficiente, bajo los lemas
de civilización, modernización y progreso.
La
segunda Constitución ecuatoriana, de agosto de 1835,
se inspira del modelo francés, republicano, unitario
y centralizado. Asimismo,
el Código Napoleón francés inspira al Código ecuatoriano. Por fin, Vicente Rocafuerte preconiza la tolerancia
religiosa, citando a Francia donde la tolerancia “ha
contribuido mucho al desarrollo de la industria, del
comercio y de la prosperidad nacional”.
Desde
luego, en este modelo de construcción nacional inspirado
de la República Francesa, la educación es de suma importancia.
Rocafuerte define como prioridad del Estado el
desarrollo de una sólida enseñanza secundaria que cree
a una “nobleza de Estado” militar, económica, política,
modernizadora del país, para reemplazar a las élites
tradicionales. La
enseñanza primaria no se queda atrás y debe abrirse
a la mujer y a los Indígenas. Heredero de la Ilustración Francesa, Rocafuerte
afirma la necesidad de educar a las masas, urgiendo
la creación de una “Instrucción Pública”.
Otro
gran constructor del Estado nación ecuatoriano en el
siglo XIX es García Moreno, a su vez influenciado por
las ideas francesas.
Su ambicioso proyecto contempla la creación de
las condiciones para el desarrollo económico del país,
con el respeto de la ley y del orden, la centralización
administrativa y política, el uso de los recursos del
Estado para la educación la realización de grandes obras
públicas. Para
luchar contra las divisiones internas y fomentar un
espíritu nacional que dinamice la modernización del
país, García Moreno ve en la Iglesia el pilar y el sustento
de la nacionalidad.
El
clero trabaja con y por el Estado, haciéndose cargo
de la Instrucción Pública. García Moreno no solo reconstruye las escuelas
abandonadas sino que multiplica el número de docentes
para que todos los ecuatorianos sean escolarizados,
después de proclamar la educación primaria gratuita
y obligatoria. Frente
a la falta de profesores capacitados, invita al Ecuador
a órdenes religiosas famosas por su acción educativa,
mayoritariamente francesas. En marzo de 1863, llegan los Hermanos de las Escuelas Cristianas
para hacerse cargo de la enseñanza primaria de los niños. La educación de las niñas, recae en las hermanas
del Sagrado Corazón que llegan en 1862, las de la Caridad,
de la Providencia y del Buen Pastor.
Los Jesuitas organizan la enseñanza secundaria.
Estos educadores abren numerosos institutos por
todo el país, en Guayaquil, Quito, Loja, Cuenca, Riobamba,
Latacunga, Ambato.
Los
Hermanos Cristianos importan de Francia la pedagogía
de la “Conduite” que revoluciona las prácticas
educativas ecuatorianas. Dividen la jornada en clases, los grupos en planteles con niveles
diferentes según la edad y el desarrollo del niño; organizan
un horario con pausas y dan las materias de forma progresiva,
definiendo para cada una objetivos que el niño debe
alcanzar. Introducen
reglas sistemáticas en cuanto a la emulación, el castigo,
la notación, así como en el comportamiento del niño:
puntualidad, disciplina, vestimenta adecuada.
También definen pautas estrictas para el retorno
escolar, los edificios, las aulas, los patios, el material
didáctico y escolar, subrayando siempre la higiene y
la comodidad del alumno, la escuela siendo considerada
como “civilizadora” en lo físico y en lo moral.
El
interés de García Moreno por modernizar la educación
se manifiesta con la reforma de la enseñanza superior
hacia los conocimientos prácticos y útiles. Si parte
de la organización de la Escuela Politécnica Nacional
corre a cargo de jesuitas alemanes, Francia influye
en la enseñanza de la medicina. El físico Dominique Domec funda una cátedra
de anatomía en la Facultad de Medicina.
Gayraud acepta la cátedra de química y organiza
una escuela práctica de demostración en la que los estudiantes
se adiestran. Asimismo, los franceses impulsan los estudios
útiles a la resolución de los problemas sanitarios de
Ecuador, sobre todo los de la tuberculosis, de las enfermedades
venéreas y tropicales que azotan al país.
La escuela de obstetricia fundada por Flores
también es reorganizada por García Moreno que contrata
a Amélie Sion, otorgándole todo el material necesario
para una enseñanza eficiente.
Francia
no sólo influye en al construcción de la educación ecuatoriana
sino que educa directamente a la élites de país que
se forman en Europa. Los primeros grandes representantes de la alta
burguesía guayaquileña cursan todos sus estudios en
Francia, como por ejemplo Olmedo.
Rocafuerte estudia en Saint Germain-en-Laye y
sus compañeros son el hijo y los sobrinos de la Napoleón,
los sobrinos del General Murat, el barón de Makeau,
el príncipe de Beauveau, la juventud más florida entonces
en París. Entre los miembros de la oligarquía costeña estudiando en los mejores
colegios de Francia también se cuentan Antonio Flores,
Clemente Ballén, Manuel Orrantia, los hermanos Seminario,
Augustín L. Yerovi, Carlos R. Tobar, Víctor Manuel Rendón.
En
cuanto a las niñas, si permanecen en Ecuador, también
se impregnan de la cultura francesa. Leen Jules Verne,
a Victor Hugo e incluso los “roman-fleuves” de moda
en la Francia de la época como Los Misterios de París
de Eugene Sue. Es que las bibliotecas de las familias contienen
muchísimas obras del pensamiento francés sobre temas
tan diversos como la literatura, la historia, la religión,
la medicina, la botánica. La biblioteca personal de Rocafuerte que Kent
B. Mecum logró reconstruir, reúne más de 1000 libros
de geografía, historia, política, economía, idiomas
extranjeros, literatura, religión, moral y pedagogía.
Con
la Revolución Liberal de finales del Siglo XIX y de
comienzos del XX que desarrolla la instrucción Pública
laica, se afirma la influencia de los pedagogos norteamericanos,
alemanes, argentinos y chilenos. Sin embargo, la escuela republicana, laica,
gratuita, así como las Escuelas Normales creadas en
1901 con la misión de formar a batallones de maestros
que difundan en todo el territorio nacional y a todos
los niños ecuatorianos los valores de civilización y
de la ecuatorianidad, con vistas a la consolidación
de una nación moderna y soberana, recuerdan el modelo
educativo francés de la segunda mitad del siglo XIX
y la escuela de Jules Ferry.
Además,
a la hora de reorganizar la enseñanza superior, el Congreso
de 1913 otorga 80.000 sucres (o sea el presupuesto anual
de las Escuelas Normales) para reabrir la Escuela Politécnica,
contratando a cinco profesores franceses que deben capacitar
a los ingenieros, mecánicos, químicos, arquitectos,
topógrafos, geógrafos.
El proyecto no puede ser llevado a cabo, pero
renace con Velasco Ibarra en 1935, anclando definitivamente
la influencia francesa en la enseñanza técnica y científica
superior ecuatoriana.
La
Escuela no sobrevive a la caída de Velasco Ibarra; con
la nueva presidencia de éste en 1944 se vuelve a abrir
con la participación de científicos franceses. El decreto N° 195 de febrero de 1945 funda el Instituto Superior
Politécnico que funciona de hecho con el Instituto Geológico
Ecuatoriano. Lo
anula el nuevo decreto de junio de 1946 que crea definitivamente
la Escuela Politécnica Nacional, cuyos fines son formar
a un profesorado altamente calificado y especializados
en las ciencias naturales y desarrollar estudios científicos
sobre los fenómenos y recursos naturales del país.
Para cumplir con estos objetivos, se contrata
a cinco especialistas franceses en una colaboración
entre el gobierno ecuatoriano y el gobierno francés:
Marcel Lobry, Julien Martelly, Michel Conard, Edmond
Bruel, Robert Hoffsteter.
Desde
entonces se multiplican los convenios con Francia en
el campo de la enseñanza superior y de la investigación
científica, como lo demuestra hoy en día la presencia
permanente en Ecuador del Instituto Francés de Estudios
Andinos (IFEA) y el Instituto de Investigación para
el Desarrollo (IRD-ex Orstom).
*Emmanuelle Sinardet. En “Ecuador
y Francia: Una Historia en Común” Ministerio de
Relaciones Exteriores del Ecuador y Embajada de Francia
en Ecuador. Quito, 1999.
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Casa de la Cultura “Benjamín
Carrión”
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